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EL RECOGIMIENTO
Cuando quieras encontrar a Dios, “entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará”. (Mt. 6,6)
Jesús nos enseña con estas palabras tan sencillas, un método: el secreto del recogimiento. ¡Cuantas veces hacemos la experiencia que para vivir momentos de verdadera oración es necesario un determinado clima! Debemos retirarnos a la habitación, alejarnos, dejar de hablar con los demás, no escuchar conversaciones; en una palabra: recogerse.
Este término tiene un sentido psicológico profundo porque subraya que hasta nuestras propias fuerzas están dispersas. Hablamos, escuchamos, reímos, nos movemos, nos distraemos en mil cosas.
Para encontrar a Dios, es preciso recoger dentro de nosotros mismos nuestras fuerzas y concentrarnos, sustraernos, por decirlo así, al exterior. Concentración, en realidad, quiere decir tener un centro único: si logramos de esta manera ponernos delante del Señor, se despierta en nosotros una capacidad increíble. Hasta nos parece que somos diferentes, con una lucidez y una claridad jamás experimentadas; entonces comprenderemos la pregunta: “¿Quién soy yo?”.
La espiritualidad oriental (incluso fuera de la tradición cristiana) ha tratado ampliamente el tema del recogimiento. La imagen que los orientales acostumbran a utilizar es la del tigre, o la de la pantera, que antes de avalanzarse sobre la presa, se recoge sobre sí misma para acumular el máximo de fuerza.
Durante el tiempo de retiro es bastante normal hacer la experiencia del encuentro con Dios en el recogimiento, pero obviamente, deben intentar prolongarla también después.
Yo también me encuentro, con frecuencia, distraído por las visitas, las audiencias, los encuentros, las llamadas telefónicas, las noticias: pero cuando consigo finalmente recogerme, veo más claro lo que Dios quiere de mí, lo que debo hacer, lo que es realmente importante. Y entonces recupero las fuerzas.
¡El recogimiento es un auténtico secreto! Los hombres que hablan con la fuerza del Espíritu es porque han conocido este secreto.
Card. Carlo María Martini Arzobispo de Milán
Card. MARTINI, Tu me sondeas y me conoces, Ed. Verbo Divino, Navarra, 1996, págs. 103 – 105.
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